Brote Digital – Universidad de Chile

Síguenos:

albert-camus-6

Albert Camus y la vida absurda

“En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”.

Friedrich Nietzsche

            Es difícil llamar filósofo a una persona que nunca se declaró como uno—lo mismo que sucedió con Hannah Arendt— y adjudicar una filosofía a un escritor que rechazaba su creación. Sin embargo, los académicos se encargaron de atribuirle a Albert Camus como el “profeta del absurdismo”.

Libros como “El extranjero”, “El mito de Sísifo” o “El hombre rebelde”, no ayudarían mucho a Camus para liberarse de sus etiquetas, debido a que nos da a entender el existencialismo del hombre; el hecho de que la vida no tiene un fin o simplemente es un eterno martirio.

Acéptalo, tu vida es absurda

El mito de Sísifo demostraría bien lo que sería el absurdismo: el rey Sísifo es condenado por Zeus a subir una roca hasta la cima de la montaña. No suena tan exagerado, pero el escarmiento no acabaría allí. La roca, al momento de ser llevada a la cima, volvería a caer hasta su punto inicial, por lo que Sísifo debería cargarla por siempre. Camus lo calificaría como un castigo horrible, ya que “no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”.

Lo peor de esta condena no es llevar la roca, sino que la persona es consciente de que nunca acabará esto. En el fondo, el hombre va perdiendo la esperanza. Esto sucedería con nosotros. Camus nos recuerda lo siguiente: “levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo”.

Sísifo, describe Camus, sería el héroe absurdo, debido a que todo su odio, todos sus esfuerzos, terminaron en nada. Este absurdo se podría comparar con el nihilismo, la carencia de emociones o la palabra común “me es indiferente”. Aceptamos la vida tal cual es y no nos importa: “¿una pandemia? No me importa”, “¿habrá una 3era guerra mundial? La vida es así”. Como lo diría Camus, “cuando el nihilista entiende la vida, la acepta”. Además, se podría agregar que el universo tiene más de 13.800 millones de años y el Homo sapiens no supera los 150.000 años. Solo somos una partícula minúscula en la historia del universo. La vida no tendría sentido, el mundo es indiferente, eso es lo absurdo.

Esto se podría ver en su libro “El extranjero” donde el protagonista, el señor Meursault, se demostraría como una persona displicente, siendo su frase más conocida “me es indiferente”. Meursault no manifestaría ni una especie de sentimientos ni siquiera al dar  muerte a una persona. Incluso, cuando es visitado por el capellán— ya sentenciado a la pena de muerte— le dice que la vida no tiene sentido, aceptando su verdad y estando feliz de ella. Ahora, ¿es esto lo que Camus nos querrá explicar?, ¿la vida no merece solución?

¿Y ahora qué pasará?

Albert Camus no quiso entregarnos un absurdo en sí, por eso rechazó ser llamado existencialista o “padre del absurdismo”, y esto lo podemos encontrar en sus reflexiones sobre el suicidio. Cuando la persona se da cuenta que su vida es absurda puede concurrir al suicidio. Sin embargo, para Camus esa no sería la respuesta, el suicidio suprime al hombre que lo lleva a cabo. Esto se debe a que crea una paradoja, porque se dice que cuando «el ser» supera una barrera, obtiene una solución; empero, si este se suicida no haría contacto con el problema, el hombre se desvanece, no logra trascender.

Esto no se separaría mucho de los existencialistas, porque hay que encontrarle un sentido al mundo. Uno debe rechazar el nihilismo, buscando cómo resolver los conflictos; salvar a la existencia. También, en el final del extranjero, muchos se quedan con la parte donde el protagonista se siente feliz por “la tierna indiferencia del mundo”. No obstante, antes venía una serie de reflexiones sobre su madre, su novia, sus colegas, entre otros. La vida que tuvo Meursault terminó por matarlo, él decidió seguir por la vía de lo absurdo y se dio cuenta que siempre fue «feliz». Es extraño esto último, porque se nos demostró a un Meursault sin ninguna pizca de emoción, ¿por qué estaría feliz?, ¿por qué llora, si todo le era indiferente, todo era absurdo? Son cosas que uno se debe preguntar.

En resumidas cuentas, lo absurdo termina castigando a la persona—al igual que el nihilismo—. Si la vida es absurda, nosotros tendremos que luchar para hacerla lógica, o razonable. Por lo tanto, no todo está acabado, todavía quedan esperanzas, ¿o no?, ¿será esto parte de lo absurdo? Lamentablemente no podremos saber las respuestas, porque Camus murió a sus 46 años en un accidente automovilístico.

admin

admin

comentarios

Comentarios

Posts relacionados

Posts

Columnas de opinión

Trending