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Análisis: Ping Pong The Animation

1996 fue un gran año para los mangas deportivos (Spokon) en Japón.  Hajime no Ippo (1989) de Jyoji Morikawa y Slam Dunk (1996) de Takehiko Inoue venían para quedarse en la consciencia colectiva de varias generaciones –sobre todo la obra de Inoue, que sería uno de los mangas más vendidas en la historia– y ser referentes del género.

Sin embargo, entre estos pesos pesados se asomaría el pequeño proyecto del mangaka Taiyô Matsumoto, que, tras el fracaso de  Tekkon Kinkreet (1993), vendría a crear -gracias a la Big Comic Spirits- lo que lo catapultaría a la fama: Ping Pong.

Tuvo que pasar más de 10 años para que, a manos de Masaaki Yuasa, se hiciera una adaptación al anime en 2014, que pasaría desapercibido por producciones como Sword Art Online y JoJo’s Bizarre Adventure para mencionar algunos. A pesar de esto, Ping Pong The Animation es una pequeña joya que se escapa de sus limitaciones como Spokon. Lo que importa acá son los personajes y como se van desarrollando a través del juego y la vida.

El talento no es para quien lo desea

A diferencia de otros títulos deportivos, Ping Pong se centra en el drama humano, las luchas internas por intentar encontrar nuestro camino en la vida sin perder nuestra identidad en esa búsqueda. Para dicha tarea, la serie nos presenta a dos amigos de la infancia: Yutaka Hoshino o Peco, un joven talentoso con una personalidad despreocupada pero egocéntrica, al que solo le importa ganar y ser reconocido por los demás; y Makoto Tsukimoto, más conocido como Smile, que a diferencia de su amigo es un joven reservado y nihilista, que no le ve el sentido a esforzase para cumplir sus sueños.

Al dueto se le sumas Ryūichi Kazama, la estrella juvenil del equipo Kaio; Kong Wenge, un ex seleccionado chino que deberá conquistar la tierra del sol naciente para volver a su posición en el equipo y Manabu Sakuma, un conocido de Smile y Peco que al no poseer el talento natural para el deporte, intentara a través del esfuerzo y la dedicación hacerse un lugar.

A través de los juegos, los personajes van descubriendo nuevas facetas de ellos mismos, se alegran, se derrumban o, incluso, se sorprenden al ver que pueden dar mas de ellos; también, sucede que todo lo que creían puede no ser lo que buscaban. El deporte pasa a ser solo una excusa para reunir a este grupo disparejo de individuos. Lo que busca la serie es ver cómo ellos van lidiando con ellos mismos, al darse cuenta de sus capacidades o talentos, pues no todos nacemos con las mismas condiciones, cada uno tiene que buscar su camino por su cuenta. Escapar de nuestras responsabilidades solo nos traerá dolor y sufrimiento.

¿Dónde he hecho mal?

Otros aspectos que destaca de la obra es su animación que, a primera vista, puede ser «floja» si lo comparamos con la estética o el canon de la animación japonesa. Sin embargo, la elección de Yuasa no puede estar menos equivocada, pues si de por si la obra de Matsumoto es complicado de catalogar como “estilo manga”, era de esperarse que su adaptación al anime destaque entre los demás. Expresiones faciales detalladas, movimientos fluidos y un diverso uso de planos  hacen que la acción no se detenga en ningún momento mostrando los conflictos internos de los personajes. Lo único que se podría criticar es la falta de una mejor dirección de fotografía debido a la sencillez de los fondos, pero no dejan de  ser pequeños errores que no llegan a afectar a la obra.

La única forma de estar seguro que no perderás es no pelear

Una obra juvenil pero madura. Ping Pong The Animation puede llegar a ser corta -11 capítulos- pero tampoco se alarga demasiado para perder la idea que nos quiere transmitir. La vida acaba de empezar, solo estamos en la linea de partida.

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