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SING STREET

Crecer, vivir y crear: Un análisis de Sing Street

Cuando éramos jóvenes iniciando en el mundo de “los adultos”, intentamos crear nuestra identidad a base de gustos y estilos, siendo la razón de esto muy clara: Crecer no es sencillo. En Sing Street este tema se aborda desde sus bases, nos presenta personajes principales que deben elegir entre estancarse en su adolescencia o crecer, pero ¿a qué costo?

Siendo el tercer film del director y guionista irlandés John Carney, lo que recorre la sangre de sus personajes –como ya es costumbre en su filmografía– es su pasión por la música, logrando emocionar y hacer que nosotros como espectadores soñemos con ella, transformándose en un foco principal dentro de sus obras.

Connor (protagonista de la cinta) es un chico de Dublín en los 80´s que está pasando por la desintegración de su núcleo familiar, o sea, el divorcio de sus padres, lo que para la fecha era algo que seguía siendo “mal visto”. La separación trae consigo problemas económicos en la familia de clase media, llevando así al chico a un colegio católico en donde tendrá que sobrevivir a este mundo indiferente y caótico, siendo su única escapatoria poder impresionar a la chica que le gusta presumiendo que es vocalista de una banda de rock, por lo que ahora solo queda crearla.

“El amor y la música” es una premisa sencilla y vista muchas veces. Sin embargo, en el film se nos narra desde el punto de vista no esquemático de un joven soñador. Connor, a diferencia de otras películas, no es presentado como un prodigio musical o un chico muy inteligente, no resalta en nada especial y cada vez que un personaje nuevo aparece es mucho mejor que él, consiguiendo así una representación creíble de cada persona que vea la película.

Connor comenzará a convertir sus problemas en canciones, pasando por todos los géneros y estilos más representativos de los 80’s de la mano de su hermano mayor que lo guiará a entender la esencia de cada una. 

John Carney nos invita a soltar prejuicios, a tomar aquella guitarra empolvada que está en nuestras casas y soñar con vibrar sobre un escenario, sin la nostalgia con la que se adornan historias así. Es un film que se nutre de música ochentera pero no la transforma en su centro –a comparación de películas sobre algún área artística en donde la idea principal se queda en preservar estilos del pasado– en Sing Street nos hablan de una música “Futurista”, algo nuevo y que no se pueden perder. Puede que suene a una respuesta rápida del protagonista, pero es más que eso, pues, en la película la música es un lugar para todos, sin discriminar por edad, estilo o los cánones impuestos y pre establecidos, tampoco discriminar por a lo que aspiras, tus sueños o talento. Al ser una película contada desde la vista de un adolescente, rompe con el esquema de “crecer para volverse un hombre” y pasa a convertirse en “crecer, para vivir y crear” usando todo tu talento o habilidades y cómo puedes ingeniártelas para incluso no depender de ellas, usando la pasión que se llegue a sentir por cualquier disciplina como motor de vida.

Por otro lado tenemos a Raphina, ella es la chica de la que Connor gusta y se vuelve un cofre de misterio para el protagonista. No es solo el interés amoroso en turno, es el factor que amplía la visión de la película en sentido que si se arriesga a dejar todo por la música se tiene la opción de fracasar. Raphina es una adolecente mayor que Connor y aspira con ser modelo, pero para hacerlo debe irse a Londres. En gran parte de la película nos centraremos en las cosas que está dispuesta a hacer para salir de su ciudad y alcanzar su sueño y todos los entes que se aprovecharán en su camino. A diferencia de Connor, que puede convertir sus problemas en arte, Raphina es un personaje más trágico y que ha vivido más, funcionando como la “persona misteriosa” que debe ser muy interesante y valiente, pero que, como las cebollas, tiene muchas capas. No entraremos en spoilers para así generar interés y que vean esta película, pero para ejemplificar, hay que mencionar una escena en que Raphina se quita todas sus capas, al mismo tiempo en que escucha una nueva canción compuesta por Connor, en donde narra que es lo que ve en ella y en donde nosotros, como espectadores, la conocemos realmente.

Otro tema que aborda la película y lo deconstruye es la figura paterna, pues en casa de nuestro protagonista no hay ningún momento de paz, no hay comprensión ni se escucha al otro. Carney nos presenta esto en los primeros segundos del film, pues en el plano podemos ver a Connor tocando tontamente su guitarra mientras que fuera de cuadro escuchamos a sus padres discutir de manera elevada, al mismo tiempo el chico está creando melodías con los insultos que se dedican sus padres, por lo que el director nos dice que en esta casa hay dos sonidos, los gritos y la música. Volviendo a la figura paterna, aquí entra el hermano mayor de Connor llamado Jack, un arquetipo del veinteañero que no ha logrado nada, pero que, sin embargo, es el refugio y el único factor de paz dentro de la casa del protagonista en la película. Es el guía, es el de los errores y de los secretos, es la representación de la generación de jóvenes consumidos por el egoísmo de los padres, estar juntos solo porque les dijeron que es lo correcto.

En resumidas cuentas, entra a Netflix, prepárate algo rico para comer y abre tu corazón y siente la magia de la música, una perteneciente al pasado pero con foco en el futuro, en uno donde esté bien, donde puedas mirar atrás y digas “vaya viaje”, poniéndole play no sólo a una película, sino a tus sueños. Porque de eso se trata la vida y el arte, soñar para crear y crear para vivir.

Te dejamos el trailer para que lo veas:

admin

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