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El fenómeno Putin

En diciembre del 2019 Vladimir Putin cumplió 20 años al mando de la nación más gran del mundo y podría estar hasta el 2036, después de ganar, este 1 de julio, una reforma constitucional que le permitirá la reelección presidencial después que su ciclo termine en 2024.

La serie de reformas -en la que se encuentra esta posible reelección- fue impulsada por el presidente ruso en enero de este año y fueron aprobadas por el poder legislativo, incluso ya se vendían en librerías la nueva constitución. No obstante, faltaba la aprobación de la cámara del senado y las votaciones que estaban programadas para abril pasado – postpuesto por el covid-19 – se realizaron del 25 de junio al 1 de julio. Putin ganó con el 78% de aprobación del electorado, dejando en claro su apabullante popularidad y aprobación en el pueblo ruso.

“Sin Putin, no hay Rusia”, fueron las palabras del subjefe del gabinete del Kremlin (palacio de gobierno ruso) quien se mostró agradecido y emocionado por el apoyo hacia el mandatario.

Pero, ¿Cómo es que una persona pudo sentarse en el Kremlin por tanto tiempo sin ser removido y, además, tener tal aprobación?

¿Quién es Vladimir Putin?, ¿de quién estamos hablando?

Para entender este verdadero fenómeno, hay que echar un vistazo bien atrás. Oriundo de San Petersburgo, conocido antiguamente como Leningrado,  Putin es abogado y político de profesión, graduado con honores en la universidad estatal de San Petersburgo, con una tesis sobre la política estadounidense en África. Una vez graduado fue reclutado por el Comité para la Seguridad del Estado Ruso o mejor conocida como la KGB, la agencia de inteligencia secreta de la Unión Soviética (URSS) en 1975.

Durante su paso por la KGB fue enviado a Dresde, cuidad perteneciente a la antigua República Democrática Alemana (RDA) en la que permaneció hasta la caída del muro de berlín, el 9 de noviembre de 1989. Este hecho hizo que Putin siempre tuviera miedo y respeto a las revueltas sociales. Ya en Moscú, desistió de su trabajo como agente de la KGB cuando, en 1991, la URSS se desmoronó.

Aquí es cuando empieza su carrera política. En 1991 es nombrado presidente del Comité de Relaciones Exteriores de San Petersburgo. Quien le otorgó este puesto es el Alcalde de la ciudad y su mentor político, Anatoli Sobchak, quien también lo asciende en 1994 a vicealcalde primero.

En 1995 el alcalde Sobchak no fue reelegido, por ende, Putin se mudó a Moscú, donde pasó de dedicarse de la política regional a la política central del país. En 1997, Valentín Yumashev, un experiodista que se había convertido en funcionario del Kremlin, admitió a Putin, y quien en sus propias palabras dijo que “era un tipo brillante, formulando ideas siempre, analizando y argumentando sus ideas”.

Así es como Putin seguía sumando experiencias, siendo nombrado vicedirector de Gestión de Bienes de la Administración, por el presidente de la convulsionada Rusia FederalBoris Yeltsin. En este proceso, Putin fue nombrado también director del Servicio Federal de Seguridad o secretario del Consejo de Seguridad Nacional (la antigua KGB), cargos que duraron hasta agosto de 1999, cuando el expresidente Yeltsin lo nombró primer ministro, lo cual fue una sorpresa para muchos porque, en este punto de la historia, Vladimir Putin era un total desconocido aún.

Nuevo milenio, nuevo presidente y el porqué sería tan bueno

Unos días antes del nuevo milenio, en un acto que dejó a todo el mundo boquiabierto, el presidente ruso Boris Yeltsin renunció a su cargo. De esta forma, Putin asumió como presidente interino. Asumió la presidencia oficial en una victoria electoral en mayo del 2000.

Putin no perdió el tiempo e impuso mano dura, por lo que, principalmente, ganó los helados corazones de los rusos. Justo comenzando el milenio, separatistas chechenos provocaron distintos ataques terroristas en distintas ciudades rusas, entre ellas, Moscú. Putin condenó estos hechos y lanzó una ofensiva en la República de Chechenia, recuperando el control sobre el país. También, censuró los medios independientes de comunicación y obtuvo el control de los medios en el país, al más puro estilo Putin. Este último suceso fue repudiado en occidente y en la oposición rusa, quienes acusaron a Putin de retroceder en la democracia e incluso de rebatársela a Rusia.

La sensación de seguridad vino bien acompañada de la mano de un incremento económico, que se vio durante toda la década. El Presupuesto Interno Bruto (PIB) ruso aumentó en un 78% y la aprobación por parte de los ciudadanos ruso también creció, evaluando a Putin con un 84% de aceptación en su primer mandato, según datos entregados por la BBC Mundo. De esta forma, fue reelegido para un nuevo ciclo al mando de esta poderosa nación.

Junto con esto, Vladimir Putin dejó en claro que la alianza del gobierno con la oligarquía rusa llegaba a su fin, quitándole poder a esta y enfrentando a quien se le interpusiera, como fue el caso Khodorkovski.

Sin embargo no todo era buenos números y felicidad, al paso de unos meses de su reelección en 2004 el presidente Putin debió enfrentarse a una crisis de rehenes en una escuela de Beslán, localidad ubicada al norte del país. Había 1.100 rehenes, de los cuales murieron alrededor de 380, la mitad de ellos niños. Putin fue duramente criticado por su actuar. De todas formas, siguió adelante quitando las elecciones regionales de los gobernantes y poniendo a 83 políticos de su confianza. De esta manera, Putin lograba unificar más al país y según él, “centralizar el país daría frutos”.

En 2005 el mandamás ruso impulsó proyectos de prioridad nacional, que tenían como objetivo mejorar e impulsar la educación y salud del pueblo ruso, todos estos proyectos y reformas fueron muy bien recibidas, lo que aumentaba la aprobación y popularidad de Putin.

En el año 2008, Rusia lanzó una guerra en el país vecino de Georgia, para que el mundo viera una Rusia activamente política y peligrosa. Pero el verdadero golpe táctico fue en 2014, cuando Rusia anexó a la región ucraniana de Crimea, después de unas semanas de conflicto bélico y unas elecciones que muchos tildan de fraudulentas. El mundo occidental señaló esta acción como peligrosa y Rusia fue sancionada.

En 2015, intervino de manera militar en Siria, mostrando su apoyo al gobierno sirio, mostrando su poderío militar y

asegurando relaciones y seguridad en la zona para Putin.

No obstante, Putin no ha estado al mando durante estos 20 años. En el periodo de 2008-2012 gobernó indirectamente, ya que la constitución rusa solo dejaba una reelección y el gobernante ruso ya había cumplido ese plazo, por ende, Dmitri Medvédev ganó en unas elecciones limpias en tal periodo. Sin embargo, nombró primer ministro a Putin, así no perdería ni poder ni influencia en Rusia. En 2012, ganó las elecciones y se alzó nuevamente presidente, pero, esta vez, el periodo de presidencia fue alargado gracias a Medvédev quien alargó este de 4 años a 6 años.

Es tanta la popularidad de este presidente, que fue elegido la persona más poderosa del mundo por la revista Forbes por 4 años seguidos (2013- 2016) e incluso nominado a un premio nobel de la paz en 2014.

Con esto, Putin sigue en el poder hasta hoy y, gracias a su reelección, será presidente hasta el 2024.

Las infaltables polémicas

Como todo mandatario, Putin no ha quedado exento de polémicas: las acusaciones de hackear o intervenir en las elecciones de Estados Unidos en 2016, como en otros países. Estas acusaciones fueron rechazadas rotundamentes en Kremlin.

También se encuentra la evidente homofobia del líder ruso, que ha rechazado abiertamente la comunidad LGBTQ+.

Y, por último, lo que la oposición teme, un presidente de por vida, y es que Putin ha hecho justamente todo lo que dijo que no haría para mantenerse en el poder.

Vladimir Putin no ha admitido ni ha rechazado la idea de volver a ser candidato para cuando termine su presidencia, aunque si se mostró feliz y agradecido por el apoyo mostrado el 1 de julio. Dentro de las reformas planteadas por el presidente ruso, también se encuentran la prohibición del matrimonio igualitario e introduce una referencia a la ancestral “fe en Dios” de Rusia.

Y para ti, ¿debería quedarse o es tiempo de que Rusia vea una nueva cara en el Kremlin?

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