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¿Está mal el individualismo?

“El mundo detesta el individualismo. Pero no hay que preocuparse por eso”, Oscar Wilde

Con el establecimiento e institucionalización de lo que los profetas del resentimiento denominan «modelo neoliberal», distintas organizaciones, gremios y «movimientos sociales» de izquierda -por supuesto-, no sin la ayuda de la prensa establecida y las teleseries, se ha articulado y reproducido un discurso tanto efectivo como letal. Chile sería, bajo este enfoque «el país más desigual del mundo», «indolente», «poco empático», «individualista» e «injusto». Muchas personas, a tal efecto, han internalizado este discurso y en consecuencia alimentado un monstruo que puede terminar por destruir el país si, la gente de bien, en palabras del pensador inglés Edmund Burke, no reacciona. En esta línea, el “gran” argumento que brindan los profetas del resentimiento sería, básicamente, que el Estado «no invierte» los suficientes recursos[1] en artes y humanidades. Esto pues, dicen, el Estado operaría con una «lógica neoliberal», mediante subsidios que privilegiarían a «élites» en desmedro de todos los demás, reproduciendo, así, la lógica de la «competencia», además de infravalorar las herramientas que “sensibilizarían” a la población.

En efecto, más allá de evidenciar los ingentes recursos que se han destinado a distintas organizaciones «culturales», y que contrarían el discurso acá reseñado, nos interesa analizar un par de conceptos que subyacen a este discurso. ¿Qué significa, por ejemplo, poner “nuestros intereses” por sobre los de todos los demás?, ¿acaso no está en nuestro propio interés, siguiendo la idea, el hecho de ser altruistas? El código de valores que adoptemos, en este sentido, es de nuestro interés, independiente si esos valores son altruistas, caritativos o individualistas. Así pues, las cosas no son tan fáciles como parecen indicarnos estos profetas del resentimiento, ya que determinar si somos o no egoístas, individualistas o lo que fuere, requiere un análisis conceptual más profundo. Asimismo, ¿qué significa ser egoísta?, ¿quiénes son los egoístas? Oscar Wilde, el gran poeta irlandés, reflexionaba en este sentido:

«El egoísmo no consiste en vivir como uno desea, sino en indicarles a los otros cómo es que deben vivir. El altruismo consiste en permitirle a los otros vivir a su gusto, no interferir en su desarrollo individual. El egoísmo siempre tiene como objeto crear alrededor de sí una uniformidad absoluta de modelos. […] Una rosa roja no es egoísta por querer ser una rosa roja.»[2]

De las palabras de Wilde podemos desprender, por tanto, que egoístas son aquellos que buscan más bien imponer una uniformidad de tipos sobre los demás, vale decir, los egoístas no serían aquellos que tienen un legítimo código de valores, sino quienes buscar establecer los suyos incluso por la fuerza y así imponer su propio dominio. Aquí yace la importancia de la dignidad humana, y su superioridad metodológica respecto de los análisis colectivistas, todo lo cual no significa negar de plano ciertos fenómenos colectivos y sociales.

En esto, la Escuela Austriaca nos tiene mucho que ofrecer, pues el análisis fantasmagórico de clases o razas se diluye, en favor de las particularidades propias de la persona humana. Los discursos de equidad, inclusión y diversidad característicos de la sociedad contemporánea contienen en sí mismos un germen totalitario, y esconden un propósito de opresión. Y hablamos de equidad, inclusión y diversidad pues son las banderas que los nuevos movimientos sociales de izquierda han erigido. ¿Por qué deberíamos valorar a las personas en función de su mero color de piel o sus genitales?, ¿no es eso infravalorar o sobrestimar a las personas por variables que escapan a su voluntad?, ¿no es eso una forma de racismo y discriminación? Es legítimo plantear cuestionamientos al orden social, pues hay mucho por resolver, sin embargo, estos cuestionamientos deben ser discutidos con argumentos lógico-racionales y alturas de miras, y no como se está haciendo hoy, mediante una práctica sistemática de censura y persecución[3].

Otra de las confusiones que estos autodenominados movimientos sociales parecen tener, es respecto de lo que significa la sociedad y el Estado. Para ellos, la solidaridad iría -al parecer- necesariamente ligada al Estado y a las estructuras formales de poder. Esto es a todas luces erróneo. La solidaridad es un acto humano que aflora del espíritu libre y espontáneamente; y es que, al decir de monsieur Bastiat, «decretar la solidaridad es aniquilarla». Siglos atrás, dos pensadores tan distintos como Alexis de Tocqueville y Werner Sombart coincidían en el hecho de que la sociedad norteamericana era, por contra a la Europa continental, mucho más solidaria, ya que las personas por sí mismas se hacían cargo de sus congéneres, y no esperaban que el Estado fuera en su rescate. En definitiva, la lección que debemos sacar en limpio, siguiendo a WildeBastiat y Tocqueville, es que es precisamente el individualismo el valor que nos llevará a construir sociedades más libres y solidarias.

[1] Véase La Batalla de las Artes y las Humanidades, archivo 2016-2019 (editado por Carolina Gainza y Matías Ayala).

[2] Wilde, Oscar. El alma del hombre bajo el socialismo, p. 63.

[3] Cuestión ampliamente documentada por el doctor en Filosofía Axel Kaiser en su libro La Neo-Inquisición: Persecución, censura y decadencia cultural en el s. XXI. (2020).

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