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Michelson y Morley: el fracaso más brillante de la historia

Como se habló en el artículo sobre «el descubrimiento científico de Khun«, el avance científico tiene distintas formas de darse a conocer. De esta forma, siempre existirán distintas visiones de cómo llegar a la verdad. Sin embargo, ¿qué sucedería si por querer averiguar una anomalía o descifrar un paradigma, se obtienen otros resultados? Incluso, ¿ese fracaso podría ayudar a la ciencia?

Ese sería el caso de Michelson y su gran amigo Morley, que por intentar demostrar la existencia del éter, consiguieron todo lo contrario. Un aporte para la física, pero un fracaso para el descubrimiento de este compuesto químico.

EL ÉTER Y EL UNIVERSO

La lucha por identificar cómo se compone el universo se origina mucho antes de Michelson.  Para esto, recordemos la teoría ptolemaica. Platón explicaba que la tierra es una esfera que descansa en el centro del universo, donde las estrellas y el resto de los planetas giraban en torno a ella. Esta teoría se rompería con la llega de Nicolás Copérnico, ya que Copérnico diría que la Tierra no es el centro del universo, afirmando que esta es un planeta más dentro del sistema planetario. Más tarde, Galileo Galilei respaldaría esta teoría.

Con este esquema, nacería un factor fundamental para que se mantenga esta teoría: el éter. El éter sería necesario para que la Tierra y los otros planetas se logren mover, obedeciendo a las leyes de Newton. Por lo tanto, los científicos llegarían a la conclusión de que el éter sería un fluido móvil y sin viscosidad, ya que si este compuesto fuese viscoso, los planetas se caerían. Además, ellos agregarían que el éter es incomprensible, trasparente y que llena todo el espacio.

No obstante, solo faltaría una cosa: demostrar que este existe. Para esta labor se le pediría ayuda al Premio Nobel de Física (1907) Albert Abraham Michelson. Michelson aceptaría este desafío, creando el interferómetro, técnica fundamental para este experimento. El interferómetro se compone de un lente semiplateada o semiespejo, que divide la luz en dos, viajando en un determinado ángulo el uno respecto al otro

COMIENZAN LOS FRACASOS

Si bien este experimento suena sencillo, en la práctica no lo es. Esto se debe a la sensibilidad que posee esta técnica, cualquier ruido externo o movimiento (ya sea un caballo desplazándose, un grito, etcétera) alteraría el producto del experimento.

Después de varios intentos, no se logró ver nada. Empero, nuestro físico no se daría por vencido. En 1887, Michelson le pediría ayuda a su amigo y colega Edward Morley. Estos diseñarían un interferómetro 10 veces más sensible que el primero. No obstante, con este experimento, ellos notarían que si la luces llegaban al mismo tiempo, crearía una luz en el centro, mas si estos no llegaban, se crearía un agujero en el centro. Sin embargo, no habían diferencias: la luz viaja a la misma velocidad en cualquier dirección.

Aun así, no se logró demostrar que el éter era visible. Haciendo que este experimento sea un completo fracaso, ¿o no?

LA RELATIVIDAD DE EINSTEIN 

En 1889, George Francis FitzGerald postularía que la contracción dependería de la movilidad, por lo tanto, la contracción depende de la velocidad. Además, Hendrik Lorenz elabora un método que explicaría este modelo, cambiando la faz de la física, llamándose “las trasformaciones de Lorenz”.

Más tarde, un joven llamado Albert Einstein utilizaría este modelo para demostrar la famosa «relatividad». Guiándose por el modelo de Lorenz y la ley de inercia de galileo, Einstein llegó al resultado de que no hay diferencia en estar en movimiento absoluto o estar en reposo.

Esto lo veríamos con el siguiente ejemplo: si un beisbolista lanza una pelota y yo estoy observarlo en un costado, yo lo vería más rápido que él; por otra parte, si nosotros vemos el balón en la misma dirección del beisbolista, veríamos que la bola se dirige a la misma velocidad, aunque nos estemos moviendo en sentido contrario. Dándonos a entender que la velocidad de la luz es la misma en cualquier parte.

En conclusión, el experimento de Michelson y Morley aportarían a la ciencia con los siguientes puntos:

  1. Conocer el diámetro de una estrella.
  2. Medir la velocidad de la luz.
  3. Ayudar a la teoría de relatividad de Einstein.

Estos aportes serían, incluso, reconocidos por el mismo Michelson. Empero, Michelson intentó no adjudicarse la teoría de relatividad, y no es que él no creyera en esta teoría, sino que la relatividad demostraba su fracaso por intentar encontrar el éter. Por otro lado, este fracaso sería «el más brillante de la historia de la ciencia».

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