Brote Digital – Universidad de Chile

Síguenos:

greenmile

No apague la luz, le temo a la oscuridad: un análisis de The Green Mile

Una película clásica que nos recuerda la función principal del cine, una joya del final de los años noventa con una emocionalidad que te deja a flor de piel la pregunta: ¿Los Milagros Existen?. La Milla Verde – o por su traducción “Milagros inesperados” – trae a nosotros las memorias de un personaje, el cual desde el primer minuto nos cuenta que – según él – mató a uno de los milagros de Dios.

Siendo una adaptación del novelista Stephen King – una que lo consagra como un escritor de éxito no solo en el género del terror – y dirigida por Frank Darabont, el cual ha sido el encargado de adaptar otras novelas de King con buena críticas. Nos presenta la historia de un anciano llamado Paul Edgecomb – interpretado por Tom Hanks – que vive en un asilo, y cuenta lo último que vivió como oficial de máxima seguridad en “el pasillo de la muerte” en la prisión de Cold Mountain en 1930, un lugar en donde eran enviados los presos condenados a la silla eléctrica.

En una tarde de aquel año, entra por las puertas del pasillo de la muerte un hombre afroamericano de más de dos metros de altura, con sus manos grandes y ropas roídas. Con el racismo de aquel entonces, fue maltratado especialmente por la razón que lo llevaron a ese lugar, pues Johh Coffey – como el café, pero se escribe distinto; frase que describe la identidad del personaje – interpretado por Michael Clarke Duncan, es acusado por el asesinato de dos hermanas gemelas menores de edad. Coffey, sin la oportunidad ni el intelecto para pedir un juicio justo es rápidamente culpado debido a que fue encontrado de rodillas con ambas niñas rubias muertas en sus brazos.

Nos presentan a este enorme personaje desde la vista de Paul, entonces lo primero que nos muestran es la impresión que generó en el personaje de Hanks. Pasado el tiempo en pantalla, ya con John dentro de la celda y con Paul terminando de explicarle la reglas y normas del pasillo de la muerte, lo primero que escuchamos salir de la boca de John es la frase “Jefe, por favor no apague la luz, le temo a la oscuridad”, rompiendo así la imagen monstruosa que teníamos de John e inicia en nosotros el choque de moralidad, además, John Coffey tiene mucho más de sí mismo que enseñarnos.

Se puede partir diciendo que todos los personajes dentro de las celdas están “destinados” a morir – si es que el destino tiene algo que ver – por lo que no es spoiler hablar sobre este tema pues lo trata la película y es aclarado desde el primer minuto.

Este film tiene momentos de extrema emocionalidad, llevados por el magistral uso de la cámara como personaje narrador, la música y la perfecta ambientación del pasillo – pues el mayor porcentaje de tiempo lo pasaremos dentro de este lugar – produciendo así que el espacio del film se convierta en un personaje más y, quizás, el más importante. Es el personaje y entidad que siempre está y estará ahí, viendo todo lo que sucede, y todos los milagros que en él sucedieron. 

Por otro lado, también nos golpea justo en nuestra moralidad, la cual es puesta a prueba, pues como espectadores se nos vuelve imposible no empatizar con los presos. Uno de los hombres que se encuentran en estas celdas – más allá de Coffey – es un preso llamado Del, un personaje capaz de robarnos el corazón por la inocente amistad que mantiene con Cascabel, un ratón que es nombrado por los personajes como “un ratón de circo”,  y juega con él volviéndolo una figura de extrema ternura y calidez. Sin embargo, cuando llega la hora de su sentencia se nos recuerda el porqué está ahí, por un crimen terrible, pero la empatía sigue con nosotros hasta su último momento.

John es harina de otro costal, pues su total inocencia infantil logra en los personajes – como en nosotros – una duda sobre la veracidad de la culpa de John en este caso, pero la película no pierde tiempo en este asunto, no se marea ni da vueltas sobre las dudas para despistarnos. Es una película de mucho misterio pero se nos deja claro una cosa: John Coffey no es un ser “normal”, puede lograr milagros. Para los conocedores del universo de Stephen King y de sus libros, se puede llegar a encontrar la explicación de estos “poderes”, pero en la película son tratados como un don casi divino y que pueden ser usados para sanar a personas buenas – como son tratados los milagros – y la bondad de Coffey nos enseñará que hasta un condenado a muerte puede dar vida y que las personas que deberían protegernos pueden quitárnosla.

Coffey en esta historia nos recuerda ese último intento o atisbo de que gane el bien y la honestidad. Representa la batalla que como humanos le hacemos hacia lo diferente, a lo que no entendemos y por eso lo destruimos, sin antes sentarnos e intentar escuchar. John Coffey es el recuerdo palpable de que se puede ser mejor, se pude ayudar al de al lado sin la necesidad de un perdón divino o una mágica recompensa, solo hacerlo porque es lo correcto. Es parecido a aquella sensación de quietud después de un gran acontecimiento o de una muy mala noche, ese sentimiento de dolor tan aliviador que juega contra moralidad, sentir que estás vivo luego de haber vivido la muerte. 

La magia de una buena historia no depende de cuanto venda ni de qué tan popular o qué tan poco conocida sea. No depende de qué tan internacional o que tanto de nuestros ideales compartamos con los autores. La magia de una historia va por cuánto tiempo quede viva en nosotros y cómo podemos hacerla vivir en las personas que amamos, tanto como para recomendarlas o compartirlas. De eso se trata el cine, así como Paul contó la historia de John Coffey – el milagro de Dios – nos recuerda que volver inmortales a los que se van a través de su historia es un verdadero milagro.

Te dejamos el trailer para que lo veas:

admin

admin

comentarios

Comentarios

Posts relacionados

Posts

Columnas de opinión

Trending