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Notas sobre aceleracionismo ¿Capitalismo con rostro de izquierda?

Nicolás Gómez Dávila escribió en alguna parte de sus escolios que “tan repetidas veces han enterrado a la metafísica que hay que juzgarla inmortal”, lo que no dijo es que podríamos decir lo mismo del capitalismo. Han sido tantas las personas en tantas oportunidades diferentes las que han declarado el fin del capitalismo se podría escribir una larga lista de nombres, siendo superados únicamente por quienes han intentado predecir el fin del mundo. En todo caso es más fácil imaginar el fin del mundo que la suplantación del capitalismo.

¿A que se debe esto? Marx creía que la revolución era inminente, después de todo, en su época el capitalismo mostraba su peor rostro. ¿Quién iba a soportar por mas tiempo las largas horas de trabajo en las fábricas durante el periodo de la revolución industrial, o las condiciones precarias de los obreros, las abusivas condiciones en los contratos (si es que los había), el trabajo infantil o la imposibilidad de sindicalización? A sus ojos, las diferencias entre proletarios y capitalistas se iban a hacer tan abismales que no habría otra posibilidad mas que una revolución por parte de los esclavos del sistema, después de todo ellos eran mayoría.

Y la revolución se hizo realidad, pero no en los lugares que Marx había augurado, no hubo revoluciones en Inglaterra o Alemania, donde las desigualdades del capitalismo generaban las más intolerables explotaciones, sino que la revolución se materializo en Rusia, país que hasta 1917 era predominantemente agrario y preindustrializado. En la actualidad, Rusia abandonó por completo el comunismo, por otra parte, el capitalismo ha cambiado de rostro pero no de esencia, transformándose en el sistema dominante nuevamente.

Esto sucede porque el capitalismo no es un sistema estático y cerrado. El capitalismo logra adaptarse incluso en las condiciones más adversas y ha resistido con éxito a todos sus enemigos. En el libro “Rebelarse vende” de Joseph Hearh y Andrew Potter, se describe como los movimientos que en un momento pretendieron ir contra el sistema capitalista terminaron transformándose ellos mismos en el propio sistema. En el libro hay varios ejemplos de este fenómeno, uno de ellos fue la subcultura hippie.

La generación hippie se rebeló contra el sistema de sus padres instaurando una tendencia en la música, la moda, los espectáculos de televisión, el modo de hablar, etc. En la actualidad esta contracultura se ha transformado en una parte de la estética del status quo. La industria de la moda vende millones gracias a los diseños concebidos en esta época; jeans, sandalias, camisas, chalecos, gafas. Todos estos artículos en su momento fueron una manera de protesta contra el trabajador conformista norteamericano de los 60´ caracterizado por ser un hombre de traje, familia y ávido lector de periódicos. En la actualidad, ser hippie no pasó de moda, todavía quedan restos de esta cultura en el presente, por lo general alimentado gracias al capitalismo.

Después de los hippies llegó el Punk, traído directamente de la cultura anglosajona, quienes, normalmente influenciados por la ideología anarquista se transformaron en la contracultura de los 80´ y principios de los 90´. El capitalismo volvió a triunfar, y hoy en día tenemos las zapatillas Converse entre muchas otras mercancías heredadas de esta tendencia, como su música que vende millones en la industria.

Luego del boom del Rap en los 2000 llegó el Trap. Este último no pretende disfrazar su visión capitalista del mundo, donde por lo general los artistas de este genero se muestran en los videos de sus canciones haciendo ostentación de autos de alta gama, vistiendo ropa de marcas lujosas, enseñando mujeres cosificadas como objeto de marketing, todo esto luego que el cantante haya mostrado altaneramente fajos de billetes directamente a la cámara, sumado al abuso de drogas como una forma de consumismo desenfrenado.

El Trap es el mejor ejemplo del pensamiento aceleracionista, y por sobre todo, de la izquierda en estos momentos, en tanto sus dirigentes pretenden mostrarse como una alternativa al mundo que existe, los cuales no solo fracasan en su intento, sino que llegan a ser la manifestación del sistema en sus más significativas consecuencias. El matrimonio entre la izquierda y el capitalismo es algo ya evidente, todas las supuestas contraculturas, que pretenden cambiar el sistema, destruirlo, y remplazarlo por otro, se han transformado en un nicho de mercado perfecto para una forma de consumo de identidades e ideologías, por muy anticapitalistas que puedan llegar a ser. Los rebeldes son una parte importante del sistema, y una parte no menor, en tanto sujetan a las nuevas generaciones a formas de pensar totalmente absorbidas por la estructura económica. ¿No se han preguntado por qué la mayoría de las empresas reconocidas a nivel mundial utilizan en sus logos los colores lgbt en el día orgullo gay? Basta nombrar la publicidad de Wom o la actitud de artistas como Miley Cyrus en su campaña por el aborto, entre miles de ejemplos en el mundo del espectáculo, después de todo, rebelarse vende[1].

Llegado a este punto ¿Cómo saber si las influencias anticapitalistas absorbidas por el capitalismo han desmantelado la naturaleza de este? Dicho de otro modo, a medida que el capitalismo adopta las tendencias, formas estéticas y modas de la izquierda no se transformará en un sistema diferente a lo que llamamos comúnmente “capitalismo”. Esto es relativamente fácil de responder, si existe propiedad privada, derechos individuales y las transacciones de los bienes y servicios se basan en la voluntad de las partes, estamos frente a un sistema capitalista, aunque veamos canciones partisanas en las series de Netflix.

[1] Pueden encontrar esta publicación editada por Taurus el 2004. En el libro se trabaja con mayor rigor este tema y presenta un acabado análisis de las diferentes tendencias contraculturales de la actualidad y sus respectivas filosofías (Marxismo, escuela de Frankfurt, situacionismo, feminismo, anti consumismo, entre otras). Recomendamos su lectura para profundizar sobre esta cuestión.

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