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One Cut of The Dead: cine y zombies

Cuando hablamos del cine zombie, es imposible no recordar la mítica obra de George Romero, «La Noche de los Muertos Vivientes» (1968), quien, con un reducido presupuesto, llevaría el terror del cine de clase B al mainstream.

De esa fecha en adelante, saldrían un sinfín de otros trabajos que conducirían al hastío -incluso en los videojuegos-,  pues, en su mayoría, carecían de alma o repetían los mismos cánones que las hacían todas iguales. Sin embargo, entre esa ola de muertos vivientes, saldrían títulos como Exterminio (Danny Boyle,2002) train to busan (Yeon Sang-ho, 2016) o incluso las comedias como shaun of the dead (Edgar Wright, 2004) y The Dead Don’t Die (Jim Jarmusch, 2019). Todas estas destacarían por revivir y darle una vuelta de tuercas momentáneo, pero necesario.

En este contexto, es donde One Cut of The Dead (Shinichirô Ueda, 2017) viene a recordarnos de buena manera los inicios de este genero, e incluso lo que la pasión por el medio puede hacer incluso sin un gran presupuesto.

Una comedia disfrazada de making of

 One Cut of The Dead nos pone en la piel de Higurashi (Takayuki Hamatsu), un director de cine que, a pesar de todos los problemas que salen tras el proceso creativo, las ganas y el amor al medio logran que el proyecto llegue a buen puerto.

Lo que se nos presenta como una película de zombies, empieza a mutar para ser una comedia metalingüística, el hablar del medio dentro del medio. Para esto, la película se divide en dos partes: el corto como tal, que muestra a un grupo de realizadores que son atacados por zombies; y el cómo se llevo a cabo la idea de hacer un corto y las implicancias que conlleva realizarlo, donde el cómo se llego al producto final es donde radica el punto del film.

A esto, se le suma un cast que hará lo imposible para que Higurashi no pueda realizar su trabajo de la forma que quiere, creando situaciones absurdas que complementan y dan un respiro para que la película no se transforme en una especie de ensayo y cumpla con la promesa de entretener. De igual manera, y tal como lo dice el titulo, la complejidad de la película radica en que se haga en una toma continua, donde la cámara solo se apaga tras terminar de rodar, lo que crearía todos los problemas al cast debido a que todo es en vivo y sin trabajo de postproducción -como en el caso de 1917 (2019) de Sam Mendes-haciendo que el error cueste caro.

Los puntos bajos del film puede ser su inicio, que llega a desentonar o, incluso, aburrir por su ritmo lento. Sin embargo, tras pasar ese punto, la película goza de una originalidad que impide que nos despeguemos de la pantalla, donde las sorpresas, las risas e incluso la angustia al ver los problemas que van saliendo tras el rodaje hace que al final haya valido la espera.

Aquí te dejamos el tráiler de la película.

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